Presentación

Quiero compartir mis reflexiones e ideas sobre el futuro de la sociedad


Mostrando entradas con la etiqueta capitalsimo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta capitalsimo. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de agosto de 2013

El fluir del crédito


Una de las consignas más repetidas por empresarios y políticos en los últimos tiempos es “En España no fluye el crédito”. Pero ¿es cierto?   ¿Se Necesita  que fluya más crédito en el Estado Español? Pues depende del tipo de crédito, para qué proyecto y para quien. Veamos.

Es claro que la concesión de crédito a la empresa ha descendido, e incluso el FMI advierte del hundimiento del crédito en España. En un ambiente de recesión y con un mayor riesgo en la viabilidad de los proyectos, es lógico que el crédito disminuya. Pero no olvidemos que los Bancos no conceden créditos porque sus activos se han devaluado después del estallido de la burbuja inmobiliaria y es más rentable financiar al Estado que a empresas y particulares.

 

Pero analizar el problema, me centraré en dos aspectos del mismo:
  • El Banco que concede el crédito: No es lo mismo un banco privado, libre para decidir su negocio, que un banco intervenido que se mantiene con una inyección de capital del Estado (o sea nuestro).
  • Actividad financiada: Tampoco es igual un crédito para una actividad que redunda en el bien común o en un cambio de modelo productivo deseado por la sociedad, que un crédito especulativo que pueda terminar en una socialización de la deuda mediante un rescate.
 
Para entender la situación, es preciso conocer que un crédito es la creación de dinero de la nada, con un mínimo respaldo de reserva sobre los depósitos (según el denominado coeficiente de caja o de reserva fraccionaria). Es decir, el Estado da una “licencia” a los Bancos para crear dinero.  Caso más flagrante es el de aquellas entidades en que el Estado ha aportado capital (intervención) y por tanto la sociedad es dueña (en parte) de dicho Banco.
Al final, la capacidad  para conceder crédito está en poderosas manos privadas, y concederán el crédito a quien quieran, en función de sus intereses, y no de la sociedad. Sin embargo, se han aprovechado, y siguen haciéndolo, tanto de una “concesión” de los Estados para crear dinero, como de la socialización de sus pérdidas. Es por ello, que la sociedad debería tener cauces de actuación sobre las entidades financieras, tanto intervenidas como no, más allá de la mera supervisión ejercida por los Bancos Centrales.
Respecto a la tipología de las actividades financiadas, nadie puede negar a quien asume el riesgo (el Banco), la capacidad para rechazar la concesión de un crédito. Ni el Estado ni nadie pueden obligarle a prestar su propio dinero. Por una parte, los bancos utilizan programas a análisis de riesgos (scoring) para limitar al máximo la posible morosidad, exigiendo avales que cubran la pérdida. Pero hay ocasiones en que el Estado les blinda por ley del riesgo asumido. Así ocurre en el caso de los créditos hipotecarios, dónde se pueden exigir avales extras, (más allá del valor del inmueble), e incluso la deuda puede persistir en el tiempo al no contemplar la dación en pago, mediante subterfugios que rozan la ilegalidad.
Pero lo realmente grave para la sociedad es que los Bancos nunca van a financiar cambios o innovaciones del modelo productivo. “La innovación que provenga del mercado será sólo incremental y cortoplacista” como dice Xavier Ferrás. “Todas las tecnologías que hoy sustentan grandes sectores emergentes, inexistentes hace unos años, han sido desarrolladas bajo sólido impulso público”. Es decir: No esperen que sean los Bancos y su crédito el que nos saquen de esta crisis. El cambio de modelo que necesitamos no estará financiado por los Bancos hasta que el nuevo negocio no esté consolidado y su riesgo de pérdidas minimizado. Es por ello, que para desarrollar los grandes proyectos de la humanidad, que requieren una visión intergeneracional a muy largo plazo, no podemos esperar financiación privada.
El crédito no es la panacea, e incluso ha sido parte del problema actual. Sectores muy liberales (como Daniel Lacalle,  cercano a la Escuela Austriaca) admiten que el crecimiento mediante la deuda es una droga, y por tanto incontrolable. Pero por desgracia, es una droga legal, y necesaria. Necesaria para el funcionamiento corriente de empresas y para el arranque de nuevos proyectos.
En resumen:
  • La ciudadanía tiene derecho a decidir o limitar cómo y en qué se concede crédito por parte de los Bancos, bien porque están intervenidos, o bien por que usan un coeficiente fraccionario para crear dinero.
  • Se deben incrementar y facilitar otros medios de financiación estatales y/o particulares para que la sociedad evolucione en una mejora del bien común.
Como conclusión apunto algunas ideas que ayudarían a mejorar el flujo de crédito, pero también a orientar el sentido del mismo hacia una salida de la crisis:
  • Establecer criterios de preferencia en la concesión de crédito, penalizando sectores o tipos de empresa, y beneficiando aquellos que la sociedad considera prioritarios.
  • Creación de impuestos y exenciones a empresas dependientes de dichas políticas.
  • Creación de organismos estatales que supervisen y validen la concesión de crédito, rechazando o incentivando créditos según su prioridad social. Reforma y ampliación del ICO para cubrir dichas funciones.Mejora de las políticas de crowfunding y/o crowlending, así como Business Angels en especial en:
  1. Mejora del tratamiento fiscal de los préstamos y donaciones de particulares.
  2. Integración en el ICO de actividades de financiación particular para proyectos sociales y/o altamente prioritarios.
  3. Garantía parcial del préstamo mediante fondos públicos.
 
 
 
 
 
 

martes, 11 de junio de 2013

La encrucijada del post-capitalismo (II)


Transcribo la segunda parte del capítulo en este artículo, La encrucijada del    post- capitalismo de mi libro “La corporación hacker”, dónde trato de explicar que el cambio de sistema que terminará con el capitalismo tal y como lo conocemos, deberá también provocar un cambio en las Corporaciones.
----------

La “ética protestante” sustenta el capitalismo desde su fundación y sigue siendo parte de su actual perfil visible que es la “sociedad red.”  Actualmente, se opone un pensamiento de naturaleza distinta, denominando hackerismo. Es el contrapunto que cuestiona las bases del pensamiento y la ética capitalista. No es un movimiento de pensamiento estructurado, sino una forma de pensar y actuar, que parte de la actitud individual respecto a la vida y la sociedad.
Hoy, el término “hacker” está denostado y completamente asimilado al de “cracker”, esto es, a una persona que intenta vulnerar los sistemas de información, con intención maliciosa o no. Pero originalmente designaba a personas cuya pasión y “hobby” era compartir sus conocimientos sobre la incipiente tecnología informática. La ética que subyacía en las actuaciones de estos grupos de personas fue descrita por Himanen en el libro “La ética del hacker y el espíritu de la era de la información”[6]. En cierta forma, se basa en la colaboración entre iguales para progresar en el conocimiento y bien común, al igual que ocurre entre la comunidad científica. Parte de esa forma de hacer y colaborar, se ha mantenido y ampliado con las actuales tecnologías denominadas 2.0. La actual fase social denominada “sociedad red”, ha favorecido la implantación de esta ética hacker o colaborativa, en la que la pasión por generar contenido, las ganas por aportar opinión, han pasado a ser un bagaje individual sin sometimiento a jerarquías. Se ha aplanado la sociedad, la autoridad es más difusa. Pero por el contrario, en los estamentos de la sociedad, las instituciones públicas, y en definitiva el poder de hecho, no ha calado esta revolución del pensamiento. El cambio hacia una sociedad hacker dónde quien más colabora y quien más aporta obtenga más recompensa, tanto material como a nivel de reconocimiento de la comunidad, todavía está por llegar [7]. La sociedad hacker no es sólo aquella basada en las tecnologías de la información y el acceso a internet. Es además un paradigma del pensamiento  ético que puede cambiar nuestra forma de hacer y actuar.  El hackerismo no es un sistema económico y por tanto no se opone per-se al capitalismo, sino que revoluciona su ética de actuación. Pero todavía no hemos alcanzado una estructura social  hacker, principalmente porque las estructuras de pensamiento colectivo no han cambiado. En todo caso, hoy somos más red, y menos jerarquía. No se acepta bien ni la jerarquía ni la representatividad sin contrapartidas.
Si a nivel individual ya está triunfando la “red social”, y puede generar convocatorias revolucionarias (como primavera árabe), falta que cada individuo obre en consecuencia y se aparte de aquellos grupos que no siguen esta ética (tanto clientes, o usuarios de productos y servicios de empresas, como votantes o simpatizantes de grupos o partidos).  Aunque  movimientos como la Primavera Árabe, el “15M” y la “Toma de Wall Street” son semillas de pensamiento y funcionamiento red, no han acabado de crear un nuevo paradigma social.
Otras teorías como la “Economía del bien común”, exigen el cumplimiento a empresas de una ética de actuación a través de la evaluación de las mismas.  En definitiva, existen nuevas corrientes de pensamiento pero ninguna marca un camino definitivo. Para que un modelo pueda considerarse un nuevo paradigma, este debe ser aceptado y seguido por un amplio sector social.

¿Cómo cambiará la sociedad para evolucionar a la nueva sociedad hacker? ¿Cómo cambiar las estructuras capitalistas sin revoluciones sangrientas? ¿Es posible?. Son las preguntas clave en momentos de encrucijada; las que nuestros antepasados debieron hacerse en otros tiempos de incertidumbre y cambio. Yo creo que sí. Creo que está en la esencia del pensamiento hacker. Pienso que será el primer cambio incruento en la historia de la humanidad. Esta nueva revolución será la primera en que el individuo y no el grupo será el motor del cambio, cuyo fin será la mejora de la sociedad y el bien común. Debe ser el individuo, cada uno de nosotros, quien generé la movilización para el cambio, pues ya se dan las circunstancias tecnológicas para que cada voz sea escuchada. Es decir, el fenómeno de revolución social que viene, debe ser una llamada de individuos a individuos, sin jerarquías ni grupos de interés (llámense partidos, clases sociales, o grupos de presión..)
La empresa-corporación es el “organismo” creado por el capitalismo, que genera la producción y sustenta la sociedad humana. Pero, la esencia de la corporación capitalista ha sido corrompida durante finales del XX y no son los dueños de la empresa (accionistas) quienes detentan en control, sino que los gestores de las corporaciones han tomado el mando [8]. El verdadero capitalista, quien arriesga su dinero, pocas veces es el más beneficiado de la corporación. Considerando que el núcleo básico de la sociedad capitalista es la empresa-corporación, es preciso un cambio en la estructura fundamental de la misma para convertirse en un cambio de paradigma real. Google, o en su momento Apple y Microsoft pudieron ser consideradas corporaciones hacker, empresas que se basaban en compartir y colaborar. Castells indica  que “las empresas que formaron parte del origen del informacionalismo eran, en general, de un nuevo tipo: empresas que, recién puestas en marcha, se convertían en corporaciones gigantescas (Cisco Systems, Dell Computer, Oracle, Sun Microsystems, Apple, etc.) o empresas que se reinventaban a sí mismas (como Nokia, que cambió el dominio de la electrónica de consumo por el de la telefonía celular y, luego, por el de Internet portátil). Para poder evolucionar y convertirse en organizaciones a gran escala, orientadas a la innovación, estas nuevas empresas dieron forma a otro componente fundamental del informacionalismo; la fuente cultural de innovación tecnológica representada por la cultura hacker” [9]. Pero todas o casi todas han sucumbido ante la competencia capitalista, y han perdido sus valores fundacionales. 

Así pues, nos encontramos con una estructura corporativa neurótica e incoherente, anclada todavía en una ética obsoleta. Los ejemplos de incoherencia son muchos. Se predica el conocimiento y la retención del talento como mejor ventaja competitiva, pero no se refleja en la compensación de los detentadores de dicho talento que son las personas. Baste revisar el informe de la OIT de 2012/2013 para observar la continua tendencia que aleja los salarios de la productividad. El informe indica que “Los salarios han crecido a un menor ritmo que la productividad en la última década y están provocando descontento popular e incrementando un riesgo de malestar social” [10]. Vivimos en una sociedad en red, donde el individuo tiene a su alcance multitud de herramientas que le permiten relacionarse en múltiples comunidades virtuales, y aportar su opinión. Pero la estructura social (empresas, partidos políticos, instituciones), todavía mantienen formas decimonónicas; no se atiende a la opinión de ciudadanos a nivel social, ni de los trabajadores de la empresa a nivel corporativo. Otro ejemplo de incoherencia es como las empresas utilizan las herramientas que les brinda la  tecnología para conseguir un posicionamiento de sus productos o de su “responsabilidad social” que es denunciada como falaz en las redes sociales. En definitiva, quedan patentes conductas incoherentes por no tratar a los demás como adultos informados y al alcance de información.

Los verdaderos cambios de innovación social deberán partir de las corporaciones, antes que formar parte del Estado. Si bien, como escribía  Maquiavelo en su obra “El príncipe”, ya en el siglo XVI, “Nada más difícil de emprender, ni más peligroso de conducir que tomar la iniciativa en la introducción de un nuevo orden de cosas, porque la innovación tropieza con la hostilidad de todos aquellos a quienes les sirvió la situación anterior y sólo encuentra tibios defensores en quienes esperan beneficios de la nueva”.

Ahora bien, en una visión a largo plazo y en búsqueda del beneficio compartido (win-win), la empresa deberá reformarse. Todos los actores en la empresa, (capital, gestión y fuerza del trabajo), deberán adaptarse a la sociedad hacker como nuevo paradigma social. Una ventaja competitiva consistente, sólo puede obtenerse mediante la adaptación coherente de los valores empresariales a la ética social emergente.
 
NOTAS:

 [6] Himanen, Pekka, Castells Manuel, Torvalds, Linus;”La ética del hacker y el espíritu de la era de la información”.
[7] Castells, Manuel; “La era de la información”. Alianza Editorial, 1997. Castells identifica la actual sociedad como “sociedad red”. Según su propia definición “¿Cómo sabemos que un paradigma dado (por ejemplo, el informacionalismo) es dominante respecto a otros (por ejemplo, el industrialismo)? La respuesta es sencilla: por su rendimiento superior en cuanto a acumulación de riqueza y poder”.
[8] Galbraith, John Kenneth; “La economía del fraude inocente”. Editorial Crítica, 2004. ISBN:84-8432-569-5. Galbraith sostiene que la esencia del capitalismo se ha pervertido al conseguir los Gestores “robar” el poder de las corporaciones frente al verdadero dueño del capital (el accionista). Esto provoca que el sistema capitalista viva en un fraude generalizado.
[9] Himanen, Pekka, Castells Manuel, Torvalds, Linus;”La ética del hacker y el espíritu de la era de la información”.
[10] “Informe Mundial sobre Salarios 2012/13. Los salarios y el crecimiento equitativo”. International Labour Office – Geneva.

viernes, 7 de junio de 2013

La encrucijada del post-capitalismo I


Transcribo en este artículo, el primer capítulo de mi libro “La corporación hacker”, dónde trato de explicar que el cambio de sistema que terminará con el capítalismo tal y como lo conocemos, deberá también provocar un cambio en las Corporaciones.

--------------------------

La encrucijada del    post- capitalismo

El capitalismo es hoy un modelo agotado. Ha cumplido su ciclo y  como toda creación humana ha llegado a su fin. Algunos expertos vaticinan 50 años de cambios que terminaran en un nuevo orden social, con China a la cabeza de la hegemonía mundial, y quizá con un cambio del paradigma socio- económico [1].

El capitalismo de Adam Smith y Franklin ha sobrevivido a diversas crisis. Ha evolucionado desde su concepción, pero todavía pervive sobre la base de su “ética protestante” que Weber describió [2]. En el siglo XX, derrotó al comunismo, único modelo que fue una alternativa real aunque inviable. En Europa, la mutua convivencia de ambos sistemas conllevó la interrelación de visiones, en especial la incorporación de la social democracia en la idiosincrasia política. Su principal logro, el estado de bienestar, está hoy en cuestión. Por una parte, se duda de su viabilidad económica. Pero al mismo tiempo se destapa la nefasta gestión política que se ha realizado del mismo. Parece patente la incapacidad del capitalismo, para resolver hoy día los problemas de la sociedad humana.

Como Khun y otros expresan [3], sólo mediante una visión revolucionaria y nuevas líneas de pensamiento se crearán los paradigmas necesarios para reactivar el cambio del la sociedad. Y digo el cambio, que no el crecimiento, pues quizá el baremo de medición de la nueva sociedad no sea únicamente el crecimiento económico. Únicamente nuevos paradigmas de pensamiento, una nueva creencia colectiva puede marcar los objetivos, o el camino que hay que recorrer. En el siglo XX se impusieron en el inconsciente colectivo las teorías de la Evolución de finales de XIX y  el relativismo de comienzos del XX. Estas teorías terminaron por implantar un inconsciente colectivo que se basa en considerar posible una mejora continua, basada en la tecnología y la superación continua del ser humano. La actual crisis económica y el déficit  de “Grandes ideas” que lideren un cambio ha terminado por colocarnos ante una ausencia de horizontes que perseguir y por los que luchar. Sólo explorar nuevas vías generarán la salida hacía el futuro.

El final del siglo XX ha deparado otras novedades. La sociedad comenzó a organizarse en torno a la información y ha cambiado al hombre y sus relaciones. Castells destaca que los cambios tecnológicos han creado una nueva estructura social. “El informacionalismo es un paradigma tecnológico. Concierne a la tecnología, no a la organización social ni a las instituciones. El informacionalismo proporciona la base para un determinado tipo de estructura social que denomino la “sociedad red” [4]. Pero la sociedad red todavía está perviviendo dentro del sistema capitalista y su ética protestante, con lo cual  no ha terminado de generar un cambio del paradigma de pensamiento ético. Varios autores consideran que el sistema capitalista ha perdido sus valores originales quedando imposibilitado para aportar soluciones a largo plazo para la sociedad humana. Por ejemplo Galbraith en 2002 [5] ya indica que el sistema capitalista ha incurrido en una serie de “fraudes inocentes”  que dejan detrás un rastro de incoherencia  respecto a sus principios fundadores. La caída de Enron con la connivencia de Arthur Andersen fue la gran  constatación de la estafa. Entre otros “fraudes”, Galbraith destaca:

·         El robo que  la “dirección corporativa” realiza de las empresas,  detentando un poder que corresponde al verdadero dueño (el  accionista). Ello hace que la corporación funcione como “burocracia” donde el burócrata  (gestor) establece las reglas.

·         El consumidor se presenta como soberano  del mercado, cuando en realidad la publicidad y los medios manipulan su criterio y decisión.

·         El éxito del sistema se mide en indicadores como PIB que representa realmente la producción y no el progreso.

·         Se han impuesto mitos como la separación entre los sectores público y privado cuando predomina sólo un sector que vive de lo público.

·         La pequeña empresa es celebrada políticamente, pero en realidad  solo  se apoya las grandes corporaciones. 

La crisis de 2007 ha sacado a la luz otras carencias, como la falta de un buen  gobierno corporativo, que no deja de ser una fachada, así como en los fallos de reguladores estatales y agencias de calificación (Moody’s, Standard & Poors y Fitch).  Además, otros escándalos en la Banca internacional, desde Islandia hasta España, han descubierto una élite corporativa centrada en el beneficio propio y su visión al corto plazo. La cultura de la codicia y el “pelotazo” se ha impuesto como norma de actuación. La confianza, basamento de un sistema de libre mercado, ha quedado maltrecha.
 
NOTAS:
[1] El informe de la OCDE titulado  “Looking to 2060: Long-term global growth prospect” Noviembre 2012,  estima El PIB combinado de China e India pronto superará al de las economías del G-7 y rebasará a la de todos los miembros actuales de la OCDE en 2060.
[2] Weber, Max; “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”; 1905, Este trabajo estudia la ética capitalista, basada en los valores del protestantismo. Preconiza   el trabajo y la obtención de riqueza como máximo valor de la sociedad capitalista.
[3] Khun, Thomas S. “La estructura de las revoluciones científicas”. Khun sostiene que los avances científicos no son acumulativos, sino que avanzan en base al paradigma dominante. Cuando el paradigma no es capaz de resolver problemas importantes, se implanta una revolución que lo sustituye. En general el pensamiento humano evoluciona en este sentido, mediante revoluciones en la forma de percibir la realidad social. Manuel Castells en “Redes de indignación y esperanza”; Editorial Alianza, 2012. ISBN: 978-84-206-0960-7 indica: “ la construcción de significados en la mente humana es una fuente de poder más estable y decisiva. La forma que pensamos determina el destino de las instituciones, normas y valores que estructuran las sociedades…… Si la mayoría de la gente piensa de forma contraria a los valores y normas institucionalizados en las leyes y reglamentos impuestos por el estado, el sistema cambiará”.
[4] Himanen, Pekka, Castells Manuel, Torvalds Linus;”La ética del hacker y el espíritu de la era de la información”.
 [5] Galbraith, John Kenneth; “La economía del fraude inocente”. Editorial Crítica, 2004. ISBN:84-8432-569-5